domingo, 4 de enero de 2009

Cuyum



Vuelve a enarenarme
la luna de dos puntas.
Abreva el incordio de mi cuerpo
persiguiendo al venado
y se traga el magma
de tus miembros en vahos
de jarilla quemada.
Incorruptible basalto, corazón.
Parsimonia de eterna paradoja
desde el precámbrico membrillo
de mi entrepierna.
La flor de la payunia
se arranca vicios en medio
de la piedra labial de tu suspiro.
Cae del abariguay la rosa
pimienta de tus ojos.
La tomo y la restriego en mi contorno.
Y aún consumiendo el veneno:

viva

más que cualquier atemporal
sentimiento.
El infortunio de no verte
se ha vuelto anciano cerro
y ya no amanece en
el sauce despeinado del olvido.

Viva,
entre huesos secos del Cuyum
que hago potrear
con la sola grieta de esta noche
que es tuya, aunque no quieras
someterte a los embrujos del Ande.
Súbitas retamas de la lavada
memoria de mis uñas en tu pelo
se encogen en mi vientre
y raspo la carne en sacrificio.
Brota algarroba en místico deshecho
y
viva, sí
te suplico, dios de repente
mi Hunuc Huar;
lleva mi resto hasta nidal.
Donde el cóndor descansa
de su historia: déjame caer
hasta morder el cacto designado.
Despéñame por la rara sustancia
verdefuego de tus desfiladeros.

La víctima invencible:
la que no cesa
en el dulzor cavernoso
de tu piel merodeada
por la parra de mi deseo.



*Algunos estudiosos suponen que en idioma allentiac esta palabra significa "arenal”. También se halla que la etimología de la palabra "Cuyo", significa en el idioma araucano Cuyum puulli, es decir tierra arenisca. Otros señalan que en el idioma quechua la palabra "Cuyo" significa: "Vasallos de los monarcas del Perú". Asimismo, el nombre podría deberse a la primera persona plural del pronombre personal en huarpe: "CUCHA", que al significar nosotros (o de nosotros: CUCHAYCH GUIAM) puede haber sido la manera en que los nativos nombraron su tierra ante los primeros colonizadores españoles.

Desde Mendoza, Cuyo (en todas sus acepciones).
Bibiana Poveda- 18 de febrero de 2008

2 comentarios:

víctor vergara dijo...

Vuelve a enarenarme
la luna de dos puntas.
Abreva el incordio de mi cuerpo
persiguiendo al venado
y se traga el magma
de tus miembros en vahos
de jarilla quemada.
Incorruptible basalto, corazón.
Parsimonia de eterna paradoja
desde el precámbrico membrillo
de mi entrepierna.
La flor de la payunia
se arranca vicios en medio
de la piedra labial de tu suspiro.
Cae del abariguay la rosa
pimienta de tus ojos.
La tomo y la restriego en mi contorno.
Y aún consumiendo el veneno:
...................................

Este me gustó mucho, Sobre todo, esta primera parte. Es muy colorísta y sensual.

Si, definitivamente. Vuelvo a leerlo y esta primera parte me parece preciosa.

Besos para vosssss.

víctor, se serenó con tu poesía.

Bibiana Poveda dijo...

jajajaja!!!! me alegro que te serenaras... este larguísimo homenaje a mi tierra lo escribí el día de mi cumple, el año pasado, que me fui a pasarlo en la montaña, y a allí en medio de la cordillera, te queda el alma así, serenita serenita.
gracias otrrrrrrrra vezzzzzzz!!!